Noche ‘friki’ con Pimpinela

Incombustibles.

Incombustibles. Lucía y Joaquín, en el concierto que ofrecieron el 16 de agosto en el Anfiteatro de Maracena.

“El sábado me voy a ver a Pimpinela”. Cuando lanzaba la frase, mis amigos y compañeros de trabajo me miraban con desconfianza, como si no me reconocieran, como si un extraño ser se hubiera apoderado de mi cuerpo y hablara por mí. “¿En serio?”, me preguntaban. “Sí, tengo derecho a una noche ‘friki’”, contestaba. Las justificaciones no iban a ser la única piedra en mi camino al anfiteatro de Maracena. Mi novia, amante de Tom Waits y Yann Tiersen, entre otros artistas de culto minoritario, hizo todo lo posible para boicotearme. Invitó a dos amigas a cenar, unas fanáticas del Barcelona que tras deglutir la ensalada de pasta se pegaron al televisor para ver a su equipo y al Boca argentino. Durante la transmisión, ella bostezaba cada tanto y me miraba de reojo, seguramente esperando las palabras que deseaba: “Ná, mejor nos quedamos”. Craso error. Mi voluntad se antepuso a todo, dejamos a las comensales en su casa y emprendimos camino a la ciudad vecina. La primer sorpresa al llegar fue lo abarrotado que estaba el recinto. No cabía ni un alfiler. El segundo asombro fue la publicidad que se emitía por una pantalla de las bellezas de la provincia de Buenos Aires. Larguísima. Entre gauchos, mates, ríos, caballos… habrán pasado diez minutos. “¡Dale, boludo!”, bromeó un espectador cansado.
La espera se hizo densa pero finalmente aparecieron Lucía y Joaquín; ella, vestido de lentejuelas; él, traje con hombreras y camiseta negra. Saludaron efusivamente al público y anunciaron que repasarían los 25 años de su trayectoria. Arrancaron con un tema medio popero desconocido por la mayoría, que databa de 1983. No entusiasmó mucho, pero ya causaba risas las posturas de Joaquín, que se iba a un rincón y miraba a su compañera con rabia por todo lo que aquella le espetaba en las letras. Una teatralización musical marca Pimpinela. Luego se fueron sucediendo canciones conocidas como ‘A esa’, ‘Amores que matan’, ‘Ese hombre’ o ‘Valiente’. Los espectadores, de todas las edades, se fueron animando. En el ecuador del recital, Pimpinela ya tenía al público en un puño. El dúo, además, comentaba entre tema y tema cómo habían cambiado las relaciones de pareja, lo malo que eran los hombres y las mujeres, con la consiguiente complicidad de los espectadores, que jaleaban “sí, son unos cabrones”, como se escuchó en boca de una señora mayor. Invitaron a dos personas que “hubieran sufrido por amor”. Se apuntó una joven y un hombre de unos 40 años del que todos se mofaron cuando se les obligó a bailar. El final se intuía y no venía la gran canción, esa con la que crecimos más de uno, ‘Olvídame y pega la vuelta’. Se hizo rogar pero apareció en forma de reggaeton. Sí, una versión que dejó boquiabierto a varios. A esta altura mi chica y yo bailábamos y alzábamos las manos cuando Pimpinela lo pedía. Y llegó el fin. Lo mejor fueron las teatralizaciones de ambos, la conexión con el público, el formato del recital, ideal para las fiestas locales, y la voz de Lucía, imponente, muchísimo mejor a la desafinada de La Mari, líder de Chambao, que había actuado un día antes en la misma ciudad. Y lo mejor de lo mejor es que, por fin, tuve mi noche ‘friki’.

2 Respuestas a “Noche ‘friki’ con Pimpinela”

  1. Dani R. Moya dijo:

    Más de uno tuvimos esa noche friki… tú tuviste que convencer a tu chica y a mí la mía ,en cuanto se enteró de que venían los Pimpinela me dijo eso de “Iremos, ¿no?” Como para llevarle la contraria… Pero no me arrepentí, la verdad, frikadas a un lado, que las hubo (y muchas) el concierto me llevó a cuando en los ochenta bajaba a la costa granadina en coche (tardábamos tanto como ahora en llegar) y mis padres llevaban en la cinta de cassette esas canciones que, me gusten o no, forman también parte de mi vida. Por cierto, el pasodoble del final sobró, ¿no crees?

  2. Marisa dijo:

    El recital ese estuvo genial. La pasé como hace mucho no la pasaba. Y eso de que sea gratis, super chachi. Noche redonda.

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